fuente:turismo córdoba
viernes, 1 de agosto de 2008
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Estas aguas no son aquellas aguas,ni es esta la
ribera. Y mis manos¿son las mismas que antaño acariciaronla estela de su cuerpo?
Otro fulgorde acero incendió las pupilas.Que al fin todo es efímero. En el
aguala muerte me reclama. En sus reflejosadivino un arrullo de sirenas.Pasan
blancas muchachas, con su aromade adelfa, con su piel que hace temblarel
mediodía. Como palomas pasan,y un instante, arrasan la memoria.Y este dolor de
saberme perdidopasará. A la tarde, mis palabrassólo serán cenizas. Afligirmeno
debo. Aunque en verdad, imaginé—más allá de este río— otro des
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